Como otros años, las navidades de 2024 las pasamos en Galicia en casa de mi hermana mayor. De Sevilla vino mi hermana pequeña con su hija. Sumando la familia de mi hermana, seríamos 11 en su casa.

Viven en un chalet grande que diseñó mi padre. Aun así, hay solo dos habitaciones dobles y dos individuales. Como tienen un estudio grande (separado del salón), mi hermana mayor pone allí cinco colchones que le tienen que prestar, recogiéndolos con el coche. Aquel año fuimos también a Bruselas a ver a la familia de mi mujer, con lo que nos tocó fin de año en Galicia. 

Mi hermana, su marido y su hijo se iban de viaje a Costa Rica justo después de Reyes, así que fuimos a Galicia solo cuatro noches. Mi hermana y su marido no pueden permitirse desde hace años tener una persona que limpie, los últimos años de hipoteca y el coste de los estudios universitarios de sus hijos no les permiten muchos lujos. Su marido tiene un buen sueldo pero mi hermana no.

No obstante son pocos días, mi hermana se muestra espléndida y acogedora como siempre. Organiza la habitación, nos hace las camas, limpia la casa antes de nuestra llegada. Lleva semanas yendo al mercado organizando las comidas. Algunas las prepara y cocina con anticipación. No olvida las vieiras que gustan a mi mujer. Hace pedidos de merluza, capones, centollas y gambas. Prepara un caldo gallego que también aprecia mi mujer, hace empanadas y nos recibe a manos abiertas.

Un día mi mujer propone hacer una parmiggiana, lo cual es bienvenido. Siendo fiestas, sabíamos que Pablo y Elena podrían volver tarde, especialmente Pablo pues tenía un partido de paddel. Cuando llega la hora de cenar, los niños no están listos. Ellos ya habían dicho que no comerían berenjenas y se había acordado pedir pizza para ellos. Siendo fiesta, la pizzería dijo que tardarían una hora. No había prisas.

¿No?


No para los niños, ciertamente, ¿prisas para que?. Proponemos entonces sentarnos los mayores a cenar y luego los niños cuando coman las pizzas. Con tanta gente, en todo caso, llevábamos ya días cenando en dos mesas.

Mi mujer entra en cólera. Nadie entiende porqué. Solo repite que ha estado "toda la tarde jodida" preparando la parmiggiana para acabar cenando "así". Estupefacción general ante el cabreo. Insiste en que quiere explicaciones. Mi hermana mayor le dice que ella le explica lo que ha pasado. Mi mujer se pone extremadamente chula, mira a mi hermana con superioridad y le responde "si, a ver, dime dime" como el que exige una explicación a sabiendas de que no le van a convencer. Le explica lo del retardo de Pablo pero no hay forma, sale de la cocina cabreada. Se cruza con mi otra hermana que le pregunta porque está enfadada y repite lo mismo, que se ha pasado toda la "tarde jodida cocinando para acabar cenando asi"

¿cenando asi?, ¿asi como?, ¿cual es la ofensa que te hace perder toda educación y compostura hablando mal a una persona que lleva años acogiéndote asi y que en cuanto te vayas va a limpiar los baños que has manchado y recoger colchones y lavar la ropa? ¿una persona que hace este esfuerzo para que las familias se vean aunque solo sea cuatro dias?

Lo irónico de la historia es que "a rigor di logica", "in linea di massima" y "da sempre", la parmiggiana no solo está buena recalentada, es que es aún mejor comersela un dia mas tarde. Pero es que ni siquiera eso se producía, una vez cocinada nos ibamos a sentar a comer aquellos que la comíamos. 

Hablé con mi hermana de quién recibí toda la comprensión por la situación e hizo todo lo posible para que no sufriera por ella por la situación creada por mi mujer. Mi hermana es hija de mi madre. Todos somos hijos de nuestras madres. A cada uno la suya. 

También soy hijo de mi padre, y reconozco la parte heredada que no me gusta. Por eso le digo a mis hijos que tienen que ser mejor que yo. Especialmente cuando les pido perdon.

Aunque reconozco que últimamente he dejado de decirle a mis hijos que tienen que ser mejores que yo. Ahora les digo que ya lo son. Y eso me hace feliz.

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