Me levanto, es lunes por la mañana. Mi mujer ya lleva tiempo levantada. Los lunes cambiamos las sábanas de toda la casa. Como soy el último en salir de la cama, la deshago y pongo la primera lavadora.
Luego llega la chica de la limpieza, que sigue con lavadoras y secadoras. Le pregunto si hace falta algún producto y salgo al supermercado a comprar algo de comida y los productos que me diga.
Cuando se va, la chica me dice si quedan lavadoras por poner o por secar, o secadoras por colocar. Las coloco. Se quedan pendientes solo las secadoras en marcha.
Llegan los niños, les ofrezco merienda y comienzo a preparar la cena. Mi mujer llega. Ha debido llevar a algún niño a algún sitio, llega tarde a paddle.
Al terminar de cenar le digo a mi mujer que debe estar cansada, que no se preocupe que (como muchas otras noches) yo recojo y limpio la cocina. Mi mujer suele estar mas activa cuando se levanta y menos cuando se acuesta. Yo soy todo lo contrario, especialmente desde que tomo somníferos para dormir.
No le cuento lo que he hecho en el día, antes -cuando le tenía miedo- le daba cuenta de lo que había hecho por la casa. Me daba miedo por el riesgo de que manipulara a los niños en mi contra. Los niños han crecido y ya me conocen lo suficientemente bien como para que un comentario así les provocara la risa. Así que, como digo, ya no me confieso cada día con las cosas que he hecho por la familia.
Ella se mete en la cama, se pone de lado y se dedica a escribir a sus amigas italianas. El mensaje de hoy: "me he levantado y he comenzado a poner lavadoras, he hecho esto y lo otro y lo de mas allá mientras mi marido se ha quedado en casa viendo series hasta las nueve de la noche".
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