Apenas dos años después de empezar nuestra relación comencé a ocuparme de la carrera de mi mujer. Se me da bien, lo de preparar oposiciones, currículos y cartas de presentación. Le ayudé a prepararse su oposición, que sacó.

Luego vino el periodo de cambios y adaptación a diversos puestos de trabajo. Seguí buscando puestos para ella, escribiendo o corrigiendo sus cartas y su CV. Hablando con gente, intentando mejorar su situación.

He dedicado también mucho tiempo a entender las reglas que pudieran beneficiarla (y beneficiarnos); son aquellas relativas a su pensión, su excedencia, su eventual transfer, los time credits para que se pudiera coger cada años dos meses seguidos de vacaciones. Horas, muchas horas dedicadas.

He sido reconocedor del mal ambiente de trabajo en el que se encuentra con tal de que estemos en Alicante. Cuando ha estado baja de moral he intentado sorprenderla, como el día que me fui a comprarle un panettone de 10kg para hacerla reír.

Para mejorar su situación aquí, he hablado con directores generales de su trabajo, con los sindicatos, a los que he hecho intervenir, con amigos abogados. He preparado textos para intentar presionar. No han funcionado, pero eso no quitar el tiempo dedicado.

Todo esto no sirve, en todo caso, para nada con una persona que se merece que todo el planeta gire alrededor de ella sin reconocerlo. Da igual que le dediques cien horas o que cojas una excedencia para seguirla a Filipinas. O que ayudes a su madre a salir de África o a su hermana a ahorrarse un dineral (de esto ya hablaré en otro post.

Un día, me comenta que una colega de trabajo amiga suya le ha pedido a su jefe que le baje la carga de trabajo. Cuando me describe el contenido de la conversación le digo, con toda sinceridad, que su amiga no ha seguido la estrategia adecuada al elegir sus palabras. El problema es de la amiga en todo caso, que ni conozco ni me importa.

 - "Al menos por una vez en tu vida, cuando te hablo de trabajo, podrías darme tu apoyo" - dice.


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